Asociación Pro Enfermos Mentales de A Coruña

»No sé lo que tengo ni lo que soy, también desconozco hacia dónde dirigirme, no me veo enfocada en ninguna parte y todo esto me hace dudar sobre mi misma y mi personalidad, entiendo que tengo un género, el femenino por nacimiento, aun así dudo sobre mi sexualidad. Estoy tan confusa que mi estilo y  vestuario no llegan aceptarme y me aburre, necesito cambiarlo cada poco tiempo. Aunque tengo mis amistades ya no encajo en ningún grupo, me veo fuera de lugar.

Me hace mucha falta cariño, sentirme arropada y querida por mi familia.

Siempre he sido una niña muy tranquila pero inquieta por dentro, todo absolutamente todo lo guardaba en mi memoria interna, y cuando mi pantalla se bloqueaba, hacía petar todo mi yo, como si de un ordenador se tratara, todo aquel lado explosivo que tenía y tengo, con connotaciones agresivas, estallaba.»

A pesar de todas mis dudas latentes en esos años, había y hay algo en Bego característico, lo cual gracias a todos mis apoyos externos, ya lo sabía, pero ahora soy más consciente y soy capaz de afirmarlo. Aunque me fallaran las maneras de hacerlo, no tardé en darme cuenta que necesitaba ayuda y supe a quién acudir. Acerté en las personas adecuadas, tuve mucha suerte, no creo que fuese mera casualidad.

En mi época de instituto empezaron los avisos, hasta el momento ni me había dado cuenta, es decir como muchas niñas, mi vida se basaba en intentar jugar lo máximo, y estar a mi aire, aunque sí que me encerraba mucho en mi misma, y me pasaba el tiempo pensando en la vida pasada, cuando aún estaba en el internado…, frenar mi presente por el pasado se ha ido repitiendo a lo largo de mi historia.

He tenido épocas más depresivas que otras, ahora mismo tengo un buen estado de ánimo, me hace muy feliz que me dieseis esta oportunidad, de expresarme para todos vosotros en la revista de APEM.

No hay días iguales, y cada en cada día puedo experimentar infinitos estados, más de los que podamos imaginar y saber que existen. Muchos de nosotros, los humanos, vivimos anclados a pasados, personas… y nos hacemos dependientes de todo aquello que nos hace frenar en seco, paralizarnos, estancarnos, detenernos por aquello que no tiene tanta importancia como le damos. Haciéndonos mucho daño.

El día que APEM llegó a mi vida, no era consciente de su motivo, ¿Por qué iba a APEM cada mañana? ¿Por qué ir allí y no a otro lugar? ¿Por qué no estaba estudiando? ¿Por qué no tenía trabajo? ¿Por qué no soportaba ningún trabajo o una clase? ¿Por qué perdía siempre la ilusión o la paciencia? ¿Por qué no terminaba nada de lo que empezaba? ¿Por qué estaba aquí y no allá? ¿Por qué todo estaba mal? ¿Por qué nadie me entiende? ¿Por qué no me quiere como quiero que me quiera?

Y aun por encima, me odiaba, no tenía amor propio, no veía nada bueno en mi persona, sentía que no tenía nada que aportar…etc., etc., etc.

APEM ya está aquí conmigo, aceptándome y creyendo en mí, que aunque por mí misma no me dé cuenta, ella se ha anticipado, ve donde yo aún no puedo, o donde yo pienso que no estoy apta. Me da la las riendas que hacen falta para subsistir en esta sociedad, para hacerme partícipe de ella y saque lo más auténtico de mí, desde mis habilidades y capacidades. Descubrir que las tengo dentro, es el gran paso  para darle movimiento y color a todo, en cualquier ámbito, tanto social, como personal y laboral.

Todo se consigue gracias a la colaboración y trabajo del equipo, el equipo en el que somos todos. La generosidad y la perseverancia que se mantiene desde dentro, incluidos los beneficiarios del apoyo y ayuda que siempre tenemos gracias a cada centro que está funcionando y dando posibilidades evolutivas.

Las cosas siempre ocurren por un motivo, aunque de primeras no se conozca, los cambios están, se producen y uno se asombra de que el tiempo pasa demasiado rápido, y en todo momento podemos estar evolucionando, tarde o temprano todo llega, siempre podemos mejorar y crecer individualmente, la clave es proponerse metas, teniendo en cuenta todo el proceso y planteamiento, para ponerlo en marcha  y probar a nivel personal que si se quiere, siempre lo podremos intentar y sacar nuestro propio aprendizaje personal.

 

Begoña Freire Carrascosa, colaboradora del CRPL de Sagrada Familia

Begoña, que ahora vive en Barcelona, disfrutando de una exposición.
Begoña, que ahora vive en Barcelona, disfrutando de una exposición.

 

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